Psicóloga, coach y escritora, Laura Santander nació en Venezuela y reside en España desde hace unos cuantos años. Trabaja acompañando mujeres en una ruta que las ayude a conectar con ellas mismas. “Volver a ti” es el título de su primer libro, una obra que, como afirma la autora, “es un acto de rebeldía”.
Santander lo tiene claro, cuestiona sin medias tintas las muchas cargas individuales y sociales que pesan sobre la mujer. “Ser buena madre, buena hija, buena pareja, buena profesional, buena amiga, atractiva y, además, que no se canse”, enfatiza. En esta entrevista también asegura que la sociedad le teme al verdadero poder de la mujer.
– ¿En qué consiste tu trabajo de acompañamiento a la mujer?
L.S. – Mi trabajo consiste en acompañar a la mujer a recordar quién era antes de empezar a vivir para cumplir expectativas ajenas. He trabajado con mujeres que muchas veces han sido eficientes, responsables, fuertes, funcionales… pero que por dentro sienten que se han ido apagando. Suelen ser mujeres que han sostenido demasiado, que han postergado sus deseos, que han aprendido a ser útiles antes que libres. El proceso comienza mirando hacia adentro: identificamos sus competencias, su potencial dormido, las creencias que la limitan, los mandatos que la han condicionado y las situaciones que le impiden desarrollarse plenamente.
Luego hacemos un mapeo vital: revisamos qué experiencias se repiten, qué actividades le devuelven amor por la vida, dónde aparece la alegría, dónde se enciende la pasión. Allí suele haber una pista poderosa del propósito. Después construimos su visión, misión y valores personales. No como frases bonitas para decorar una agenda, sino como un mapa real de vida. Desde ahí aterrizamos metas concretas, acciones posibles y decisiones valientes.
Acompañar a la mujer no es decirle qué debe hacer, es ayudarla a dejar de traicionarse para volver a elegirse.
– ¿Cuáles serían los problemas más comunes que sigue teniendo la mujer?
L.S. – A la mujer se le sigue pidiendo que sea todo, pero que no moleste demasiado con sus necesidades y deseos. Se espera que cuide, eduque, contenga, organice, produzca, emprenda, trabaje, sea atractiva, emocionalmente disponible, buena madre, buena hija, buena pareja, buena profesional, buena amiga y, además, que no se canse. Esto es totalmente absurdo. Y, sin embargo, millones de mujeres lo viven todos los días como sifuera normal. La mujer sigue cargando con una mochila invisible: la casa, los hijos, la familia, los vínculos, la logística emocional, el bienestar de otros, la culpa, la exigencia estética, la presión económica y el mandato de “poder con todo”. Pero nadie puede con todo sin romperse en algún punto. La sobrecarga mental y emocional no es una moda ni una queja exagerada, es una factura que el cuerpo, la mente y el alma terminan cobrando. A veces aparece como ansiedad, insomnio, irritabilidad, tristeza, desconexión, enfermedad o unasensación profunda de vacío. Muchas mujeres no están cansadas porque sean débiles. Están cansadas porque llevan años funcionando en modo supervivencia con una sonrisa socialmente aceptable.
– ¿Y cuáles serían los logros a los que no debemos renunciar?
L.S.: – No debemos renunciar a los logros que están conectados con nuestro propósito. Y cuando hablo de propósito no me refiero necesariamente a algo grandilocuente, perfecto o iluminado. Me refiero a aquello que te devuelve vida.Hay actividades, decisiones, vínculos y proyectos que te expanden. Cosas que haces y, de pronto, pierdes la noción del tiempo. Te sientes útil, presente, alegre, encendida. Eso no es casualidad. Allí hay información valiosa sobre quién eres y hacia dónde necesitas caminar. Una mujer no debe renunciar a su autonomía, a su voz, a su deseo, a su capacidad de crear, a su derecho a cambiar de rumbo, a su posibilidad de ganar dinero, a su libertad emocional y a su paz mental. No debemos renunciar a la coherencia, porque muchas veces conseguimos logros que se ven bien por fuera, pero que por dentro nos dejan vacías. Y ese es un éxito muy caro. El verdadero logro no es demostrarle al mundo que pudiste. El verdadero logro es construir una vida en la que no tengas que abandonarte para ser aceptada.
– ¿” Volver a ti” es la confesión de un extravío?
L.S. – Por supuesto que sí, y no lo digo desde la vergüenza, lo digo desde lo maravillosos que se siente perderte y encontrar nuevamente tu camino y retomar el rumbo. Todos nos extraviamos alguna vez. Nos perdemos en una relación, en una maternidad vivida sin apoyo, en un trabajo que nos consume,en una versión de nosotras mismas que construimos para agradar, en una vida que parecía correcta pero no se sentía propia. Volver a ti nace de ese extravío. De la pregunta incómoda: “¿En qué momento dejé de escucharme?”. Y esa pregunta puede doler, pero también puede salvarte. Creo que perderse no siempre es un fracaso. A veces es el único camino que tiene la vida para obligarte a mirar lo que ya no puedes seguir negando. En la comodidad no solemos crecer. Crecemos cuando algo se rompe, cuando algo nos incomoda, cuando dejamos de reconocernos en el espejo y tenemos que decidir si seguimos actuando o empezamos a vivir de verdad. El libro no romantiza el dolor. Lo atraviesa. Porque una cosa es sufrir, y otra muy distinta es convertir ese sufrimiento en conciencia, dirección y fuego interno. En la comodidad no crecemos, pero en las extravíos y errores sí.
– En “Volver a ti” hablas de los ciclos naturales de la mujer. ¿También hay ciclos diseñados para dominar?
L.S. – Sí, considero que sí, y hay que decirlo claramente: No todos los ciclos que vivimos las mujeres son naturales, algunos son impuestos. Hay ciclos biológicos, emocionales, hormonales, creativos y espirituales que forman parte de nuestra naturaleza. Pero también existen ciclos sociales diseñados para tratar de controlarnos: el ciclo de agradar, callar, cuidar, complacer,sacrificarse, sentirse culpable, volver a empezar y repetirlo todo. A muchas mujeres se les ha enseñado a desconfiar de su intensidad, de su rabia, de su deseo, de su ambición y hasta de su intuición. Se nos ha querido lineales, productivas, disponibles y emocionalmente administrables.
Pero la mujer no es una máquina de rendimiento. La mujer es cíclica, profunda, cambiante, intuitiva, creadora. Cuando una mujer entiende sus ciclos, deja de pelearse consigo misma. Empieza a reconocer cuándo necesita accionar, cuándo necesita retirarse, cuándo necesita crear, cuándo necesita cerrar, cuándo necesita descansar y cuándo necesita renacer. Pero cuando una mujer desconoce sus ciclos, es más fácil dominarla. Porque una mujer desconectada de sí misma busca afuera la autorización para existir.
– Si tuvieras que leer un fragmento de tu obra a una mujer que lo necesite, ¿cuál sería?
L.S.: – Más que un fragmento exacto, le leería una idea central del libro. Le diría: “Vuelve a ti. No como quien regresa derrotada, sino como quien vuelve a casa después de haber sobrevivido demasiado tiempo lejos de sí misma. Vuelve a tucuerpo, a tu deseo, a tu intuición, a tu voz. Vuelve a esa mujer que no desapareció: solo quedó sepultada bajo mandatos, culpas, miedos y cansancios. No tienes que empezar de cero. Tienes que empezar desde ti”. Le leería eso porque muchas mujeres no necesitan que alguien les dé una orden.Necesitan que alguien les recuerde que todavía están ahí. A veces una mujer no necesita una solución inmediata. Necesita una frase que le atraviese el pecho y le diga: “Despierta. Ya es hora”. Y creo que “Volver a ti” tiene esa intención: no salvar a nadie desde afuera, sino encender una luz adentro.
“Volver a ti” no es un acto de nostalgia. Es un acto de rebeldía.




